VIRREINATO
DEL RÍO DE LA PLATA
REFORMAS BORBÓNICAS Y
LA CREACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA |
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Durante largos años, los productos venidos de España llegaban al nuevo mundo por
el Atlántico, se concentraban en Panamá, y tras cruzar el istmo, iban por el
Pacífico hasta Perú. De Lima partían después las lentas caravanas de mulas que
transportaban las mercaderías hasta las restantes ciudades del virreinato, a lo
largo de un viaje de millares de kilómetros, cuya meta final era la ciudad de
Buenos Aires.
Estas
circunstancias explican la modestia de las ciudades cercanas al Plata, que
debían esperar durante largos meses la llegada de las mercaderías esenciales
para su actividad comercial.
La
situación de Lima, en cambio, era mucho más favorable, no sólo por su proximidad
al Pacífico, sino por su condición de ciudad capital del virreinato.
Avanzado ya el siglo XVIII, se hizo evidente la necesidad instalar un nuevo
virreinato que atrajese la actividad mercantil hacia las poblaciones más
cercanas al Atlántico y que, además, afianzara la autoridad española en la zona
del Plata, constantemente amenazada por las incursiones de los portugueses.
Largos años habían pasado desde la llegada del primer adelantado, don Pedro de
Mendoza. Para ocupar el cargo fue designado, al correr del tiempo, segundo
adelantado del Río de la Plata, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien llegó a Brasil
en 1540 y se trasladó por tierra con sus hombres hasta la Asunción del Paraguay.
Alvar
Núñez descubrió las cataratas del Iguazú, y admiró esa caída del río, que forma
uno de los saltos de agua más portentosos del mundo. En marzo de 1542 Alvar
Núñez llegó a Asunción del Paraguay y se hizo cargo del territorio. No fue feliz
su tarea de gobernante. Dos años después de su llegada fue destituido,
encarcelado por los vecinos de Asunción, y desterrado a España.
El
tercer adelantado del Río de la Plata fue don Juan de Sanabria, quien falleció
en España antes de ocupar su cargo; su hijo Diego, designado para reemplazarlo,
marchó hacia el Perú en lugar de dirigirse a la Asunción; Irala tomó entonces el
mando, hasta 1556, fecha de su muerte. Tras un largo intervalo,
el quinto adelantado, Juan Ortiz de Zárate, llegó a la Asunción, luego de un
viaje penosísimo. Permaneció en el cargo hasta su muerte, ocurrida en 1576.
Juan
de Garay -sin duda la figura señera de este período-, tomó el gobierno.
Asesinado por los indios en 1583, el mando de la Asunción pasó a manos del sexto
y ultimo adelantado del Río de la Plata, Juan Torres de Vera y Aragón, yerno de
su antecesor Ortiz de Zárate. El adelantado fundó en 1588 la ciudad de
Corrientes, y marchó después a España, donde renunció a su cargo.
A los
adelantados sucedieron los gobernadores, que actuaron entre 1591 y 1776. El
primer gobernador del Río de la Plata, asunceño de origen, fue Hernando Arias de
Saavedra, Hernandarias, quien desempeñó el cargo durante varios-períodos. En
1617 el rey de España dividió la vasta región del Plata en dos gobernaciones: la
del Paraguay, con capital en Asunción, y la del Río de la Plata, con capital en
Buenos Aires. Se destacaron como gobernadores de Buenos Aires, entre otros, José
de Garro, que desalojó a los portugueses de
la Banda Oriental; Bruno Mauricio de Zavala, que fundó en el año 1724 la ciudad
de Montevideo; Pedro de Cevallos y Juan José de Vértiz y Salcedo a quienes
correspondería actuar después como virreyes.
Corrientes Fundadoras
Durante la época de los adelantados y de los gobernadores se fundó la mayor
parte de las ciudades capitales de nuestro país. Las corrientes fundadoras
fueron tres:
Corriente del este: Integrada por los
hombres que, venidos directamente del viejo mundo por el camino del Atlántico,
fundaron las ciudades cercanas al Plata y sus principales afluentes:
Santa Fe, fundada por Juan de Garay en 1573.
Buenos Aires, fundada por Juan de Garay en 1580.
Corrientes, fundada por Juan Torres de Vera y
Aragón en 1588.
Corriente del norte: Integrada por los
hombres, que procedentes del Perú, fundaron las ciudades del centro y del norte
del país Santiago del Estero, fundada por Francisco de Aguirre en 1553.
San Miguel de Tucumán, fundada por Diego de
Villarroel en 1565.
Córdoba, fundada por Jerónimo Luis de Cabrera en
1573.
Salta, funda por Hernando de Lerma en 1582. La
Rioja, fundada por Juan Ramírez de Velasco en 1591.
San Salvador de Jujuy, fundada por Francisco
Argañaraz en 1593.
Catamarca, fundada por Fernando de Mendoza y Mate
de Luna en 1683.
Corrientes del oeste: Integrada por los
hombres que, procedentes de Chile, funda. ron las ciudades de Cuyo, al oeste de
nuestro país.
Mendoza, fundada por Pedro del Castillo en 1561.
San Juan, fundada por Juan Jufré en 1562. San Luis,
fundada por Luis Jofré de Loaisa en 1594.
Por
Real Cédula del 6 de agosto de 1776, se creó provisionalmente el Virreinato del
Río de la Plata, con capital en Buenos Aires y, en 1782, su extenso territorio
se dividió en ocho intendencias: Buenos Aires, Córdoba, Salta, Paraguay, Potosí,
Charcas, Cochabamba y La Paz. El virreinato comprendía, además, varias zonas
militarizadas situadas en los límites con el Brasil: las provincias de Moxos,
Chiquitas y Misiones, y la Banda Oriental.
LOS VIRREYES PROGRESISTAS:
CEVALLOS Y VERTIZ: Once
fueron en total los virreyes del Río de la Plata, sistema de gobierno que se
prolongó durante treinta y cuatro años. Entre todos ellos, han de señalarse por
su acción progresista, Pedro de Cevallos y Juan José de Vértiz y Salcedo.
Cevallos que gobernó dos años, logró la definitiva expulsión, de los portugueses
de la Banda Oriental, asegurando así el dominio español en ambas márgenes del
Plata.
Vértiz, su sucesor, desempeñó el cargo durante seis años, en cuyo
transcurso completó muchas de las obras iniciadas por él mismo cuando fue
gobernador. Se ocupó activamente de todo cuanto se relacionara con el bienestar
y con el progreso de la colonia.
En
1779 fundó la Casa de Expósitos, para hogar y asilo de los niños desamparados.
En 1780 adquirió la impresora y tipos que había funcionado en el Colegio
Montserrat de Córdoba y la hizo trasladar a Buenos Aires, que tuvo así su
primera imprenta, instalada en la Casa de Expósitas. A partir de 1780 dispuso
que hubiera alumbrado público las calles, lo que le valió entre el pueblo el
apodo de Virrey de las luminarias. En 1783 creó el Real Colegio de San Carlos,
primer instituto de enseñanza’superior que hubo en Buenos Aires. Fue,
además, un propulsor sincero de cuanta actividad cultural se insinuase en la
colonia; por esta razón, anticipándose a su época y superando recelos y
prejuicios, amparó el teatro.
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