EL PARARRAYOS DE FRANKLIN
El Padre de la Electricidad


 

 

Michael Faraday

Albert Einstein

Benjamín Franklin

A. Lavosier

Robert Boyle


Benjamín Franklin, científico: (Boston, 17 de enero de 1706 - Filadelfia, 17 de abril de 1790) Filósofo, político, físico, economista, escritor y educador, figura clave en la Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica, creó las bases de lo que hoy se entiende como «el ciudadano americano ejemplar».Era el decimoquinto de los hijos y comenzó a aprender el oficio de su padre, que era un pequeño fabricante de velas y jabón. Cansado de este trabajo, se colocó a los 12 años en la imprenta de un familiar, desarrollándose así su amor a la cultura. El escaso tiempo libre lo empleaba en devorar todo tipo de libros que caían en sus manos. Sus primeros versos y artículos los publicó en un periódico que su cuñado había fundado. A los 17 años, debido a discusiones con él, se traslada a Nueva York para hacer fortuna. Respaldado por el gobernador de Filadelfia, instala una imprenta y decide ir a Londres a comprar el material. Allí, olvidándose un poco de sus propósitos principales, trabaja en la imprenta Pelmer, conociendo a distinguidas personalidades.

En cambio, el exceso atraía a la deficiencia, y el fluido eléctrico se vertía del exceso a la deficiencia, neutralizándose ambos y quedando descargados. Franklin propuso que el exceso se llamara electricidad positiva, y la deficiencia, electricidad negativa. No se especificaba qué variedad de electricidad, la vítrea o la resinosa, era positiva y cuál negativa. Franklin conjeturó arbitrariamente y se equivocó, pero eso es irrelevante. Pueden utilizarse los nombres y olvidarse los significados literales.

Franklin observó cómo se descargaba la botella de Leyden. Cuando la carga eléctrica se agotaba, emitía una chispa (luz) y un chasquido (sonido). A Franklin le sorprendió la semejanza entre la chispa —un rayo en pequeño— y el chasquido —un pequeño trueno—. Entonces invirtió el razonamiento: durante una tormenta, ¿acaso tierra y cielo formaban una gigantesca botella de Leyden, y el rayo y el trueno significaban una descarga igualmente gigantesca?

Decidió experimentar. En 1751, hizo volar una cometa durante una tormenta. La cometa iba provista de una punta metálica a la que estaba unido un largo hilo de seda. Al final del hilo, cerca de donde se encontraba Franklin (que sujetaba el hilo de seda con un segundo hilo que permanecía seco), había una llave de metal. Cuando se concentraron las nubes de tormenta y el hilo empezó a dar muestras de carga eléctrica (las fibras separadas se repelían unas a otras), Franklin puso el nudillo cerca de la llave, y ésta chisporroteó y crujió igual que una botella de Leyden. Además, Franklin cargó una de esas botellas sirviéndose de la llave, con la misma facilidad que si fuera una máquina de fricción. La botella de Leyden cargada con electricidad del cielo se comportaba exactamente igual que si se hubiera empleado electricidad terrestre. O sea que ambas eran idénticas.

Franklin fue capaz de dar una inmediata aplicación práctica a su descubrimiento. Decidió que el rayo se abatía sobre un determinado edificio cuando éste almacenaba una carga durante una tormenta. Su experiencia con la~ botellas de Leyden le demostraba que éstas se descargaban con mucha mayor facilidad si se las proveía de una aguja. Es decir, que la carga se disipaba con tanta rapidez a través de la aguja, que las botellas no podían ser cargadas a la primera. ¿Por qué no, entonces, fijar una varilla metálica puntiaguda en lo alto de un edificio y conectarla adecuadamente con el suelo, a fin de que cualquier carga que almacenara pudiera descargarse rápida y silenciosamente, y que ninguna carga se acumulara hasta el punto de desencadenar una descarga de consecuencías desastrosas?

Franklin publicó sus ideas sobre la materia en 1752 en Poor Richard’s Almanac, y en seguida empezaron a instalarse los pararrayos (líghtning rods, «varillas para el rayo»), primero en América y luego en Europa. Demostraron su eficacia, y por vez primera en la historia una catástrofe natural no se prevenía mediante la plegaria o los encantamientos mágicos de una u otra clase, que realmente nunca daban resultado, sino por la confianza en la comprensión de las leyes naturales, que sí era eficaz. En cuanto los pararrayos aparecieron en los campanarios de las iglesias (que al ser el punto más elevado de la ciudad eran particularmente vulnerables), la cuestión quedó clara para todos.

       
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